VIVE DISFRUTANDO

Ilustres de nuestra provincia XIV (Marina de Escobar)

Un sentimiento oceánico nos hace caminar, de la mano de “VIVE DISFRUTANDO”, por la vereda de una vallisoletana santa y mística. Ella rozó lo misterioso de una experiencia a la que muy pocos elegidos llegan, la unión especial del alma humana con Dios. Nació en 1554, para, siglos después, engalanar nuestras calles con su nombre. Murió con “gran fama de santidad”. Su entierro en 1633, fue multitudinario, reunió a más de 10.000 personas.

Doña Marina de Escobar (retrato sito en el Mº de las Brígidas de Valladolid)

Marina de Escobar poseía un profundo fervor religioso desde niña, aunque se apartó de la fe de los 10 a los 14 años por influencia de una amiga; después, en la adolescencia, se entregó a la lectura de devotos libros de santos. Era ascética, proclive a la oración, a los ejercicios piadosos de ayuno, y mortificación de la carne. Sus confesores fueron Jesuitas, y escuchaban fascinados las extraordinarias visiones, sus encuentros sobrenaturales, aconsejándola sobre aquello que debía escribir y publicar.

Quiso ser Carmelita Descalza, pidió asesoramiento a Teresa de Jesús, quien la recomendó permanecer en su casa, junto a sus padres, “donde Dios la tenía destinada para grandes cosas”. Cuando sus padres murieron renunció a su herencia, subsistía trabajando, pero la mayor parte de su dinero lo ofrecía como ayuda. Fue muy querida por su caridad, por su entrega a los pobres; remendaba y confeccionaba ropas para los necesitados de pueblos próximos, y fue apodada “la costurera de Fuensaldaña”.

Enferma desde muy joven, gran parte de su vida la pasó postrada en una cama de la casa familiar. Acogía a mujeres, éstas la cuidaban a cambio de comida, vestido, y enseñanzas religiosas. La visitaban, pidiendo consejo, curación y alivio, nobles y obispos; su fama era tan grande que fue una de las mujeres más retratadas del siglo XVII. Fundó el convento de las Brígidas, y recibió el título de “Venerable” por la Iglesia Católica.

Cuentan que, en el verano de 1599, la peste, con su rostro terrible, asolaba Valladolid; y fue gracias a las “especiales virtudes” de Marina de Escobar, y su intercesión ante Dios, que la peste remitió.

Escrito por María del Carmen González Sanz (Maika) para el Prólogo de la edición nº 21 de VD, jun-jul 2021.

https://www.bubok.es/autores/Maika62

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