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Sansón. Antología caprichosa entre 1995 y 2020

En el número 74 de la calle de Santiago estaba el afamado Colegio de las Francesas. Al llegar a Valladolid un grupo de monjas de la orden de las Dominicas francesas del Santísimo Rosario para dedicarse a la enseñanza, la nueva comunidad se instaló primero en la calle Chancillería, aunque muy pronto (en 1886) se trasladó a lo que había sido monasterio de las Religiosas Comendadoras de Santiago, o sea familiares de nobles españoles de la Orden de Santiago, fundado por María de Zúñiga en el siglo XVI. La iglesia, del siglo XVIII (finalizó su construcción en 1734), tenía en su altar mayor una escultura de Santiago a caballo. En 1865 llegaron al convento las Salesas al extinguirse la orden de las Comendadoras en Valladolid y en 1886 entraron las Dominicas francesas, ambas órdenes dedicadas a la enseñanza de señoritas. Desde los años en que las dominicas trasladaron su colegio a la Huerta del Rey la iglesia se ha convertido en sala de exposiciones de la Fundación Municipal de Cultura y en estos momentos alberga una exposición muy particular y muy recomendable.
Rafael Vega -Rafa para los amigos y Sansón para los lectores del Norte de Castilla que contemplan a diario su visión particular de la sociedad española- celebra un cuarto de siglo haciendo pensar a quienes recorren las páginas de la publicación decana de la prensa española. No es fácil hacer pensar, y menos aún, en estos tiempos que corren, hacer sonreír a la gente. Sansón sorprende al pueblo judío y a los filisteos con su humor exquisito que procede de una contemplación inteligente de la vida. Sus personajes, con gruesas piernas y deformes apariencias, parecen estatuas conmemorativas que requieren una lápida para ser explicadas y esa lápida aparece en forma de bocadillo sentencioso y divertido.
Después de haber admirado sus chistes -y no sé si la palabra se adecúa al contenido profundo de sus viñetas- uno queda relajado y preparado para asimilar o aceptar cualquier noticia nefasta que pueda aparecer en la siguiente página. Los personajes de Sansón dicen verdades como puños y se expresan sin ambages ni medias tintas. Y habitualmente nos ofrecen además esa mirada humana y familiar de la que nos priva la opinión desnuda o el juicio severo. Sansón hace como los imagineros vallisoletanos de hace siglos que conseguían que la gente llorase por la calle o riese a mandíbula batiente contemplando las esculturas de bulto en madera o las imágenes de papelón. A través de cientos de personajes -unos conocidos y otros menos- Sansón describe la historia de los últimos 25 años y profundiza en la memoria para hacerlo democráticamente: es decir, a gusto de todos.

Escrito por Joaquín Díaz para la edición nº 17 de VD, oct-nov 2020.

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